Esto es para entender un poco mejor lo que estamos viviendo, es probable que me saltee muchas cosas y que mis teorías sean menos que correctas; así que de antemano quiero pedir disculpas por eso. Sin embargo no me gusta tampoco la ignorancia que gira alredor de una fecha que hace 1973 años aproximadamente marcó para siempre la historia del mundo y de quienes vivimos en él.
Resulta que un domingo El entró en Jerusalen. Iba montado en un burro como el que cualquier campesino montaría y quizás fue eso, ver a un héroe como alguien igual a ellos, lo que provocó tanto entusiasmo entre la gente. Lo recibieron como a un rey entre los hombres, no dejando que su montura tocara el sucio polvo de las calles con sus patas porque sabían que El merecía mucho más, y así cubrian todo a su paso con ramas. Obviamente, el surgimiento de un héroe popular alertó a las autoridades; quienes vieron en riesgo su misión salvadora en la tierra porque aquellos a quienes debían proteger ya no querían ser protegidos. Nuevamente, como en los tiempos de Moisés, el pueblo le había dado la espalda al señor para adorar al becerro de oro. Algo había que hacer, no podía ser que ellos quienes habían recibido del mismísimo dios la mision de llevar al pueblo por la buena senda se vieran de repente incapaces de cumplir lo que su creador les había encomendado por culpa de un carpintero de Galilea que decía ser uno de los grandes profetas. Y eso no era lo único que les molestaba: ellos lo proclamaban rey y eso no le iba a gustar a los ejércitos romanos dominantes. Definitivamente, por el bien del pueblo elegido por el señor, algo debía hacerse. Pero a nuestro héroe poco le importaba eso, tenía asuntos más importantes en su cabeza y ya sabía lo que le debía pasar; era simplemente tener la fuerza necesaria como para resistirlo lo que necesitaba. Junto a El venían los doce, sus más fieles seguidores, aquellos que sabían que siempre estarían junto a El pase lo que pase. Y ese pueblo que no tenía más que alabanzas en sus labios para aquel quien se rumoraba venía a salvarlos.
El tiempo pasó, y la hora de despedirse se acercaba. El decidió dar un banquete de despedida como bien lo merecía la situación, en el cual les dejaría su regalo más valioso: su ser. Y el amigo inteligente pero asustado no pudo resistirlo más. Este sí sabía lo que había por delante y no podía escapar de ninguna otra forma. El maestro era alguien muy querido por todos, pero la persona a quien uno más quiere siempre es uno mísmo. Durante la convivencia había tenido algunas chances faborables: algunas moneditas del fondo común... pero esta vez le habían hecho la oferta más grande de su vida, cualquiera lo entendería. A partir de ese momento podría vivir mejor de lo que jamás había soñado, tendría contactos poderosos y mucho dinero; al igual que una madre a punto de abortar, la decisión era El o yo. Y así fue, vendió a su amigo sin saber que sería una de las últimas cosas que hiciera. La culpa sería demasiado grande para soportar y ese "yo" que había elegido ya no sería cómodo, no, ya ni siquiera con todo lo que tenía podría seguir adelante; la negación de su propia naturaleza y el cargo de conciencia por le crimen cometido terminarían haciendolo desesperar y salir por el camino fácil. Pero ya estaba hecho, los doce dormian y el Único buscaba fuerza para afrontar sin ningún tambaleo lo que habría de suceder. La tentación de escapar estuvo siempre, en ese momento más que nunca. El mismísimo amo de la tentación se le presentaría y lo haría caer en su oración, pero su Dios siempre presta ayuda cuando uno se la pide y así su ángel hizo huir al demoño y ayudo al otro a levantarse antes de que hubiera caído por completo. Eso fue un alivio, el padre aún estaba ahí juto a El.
Al amanecer llegaron los guardias tan esperados a llevarlo a su destino. Queriendo ser también héroes y por puro amor, los doce intentaron ayudarlo a huir; pero el no huía, sanó a sus enemigos y con la cabeza en alto aceptó lo que debía hacer, la más difícil misión jamás realizada por un hombre en esta tierra. Sin embargo, los sacerdotes no podían quitarselo de encima definitivamente, debían recibir autorización de los más poderosos terrenalmente. Y así acudieron a la puerta de un general que estaba lejos de su tierra natal intentando controlar en nombre del imperio una nación de extarnjeros pobres que nada tenían que ver con él y su mujer. Ella pensaba de otra forma: admiraba profundamente al galileo y creía firmemente en cada una de sus enseñanzas; no podía permitir que nada le pasara. Teniendo que elegir entre el amor de su vida y un pueblo numeroso con aires de revolución, el gobernador decide sacarse de encima el asunto y derivarselo a otro responsable, alguien más alto que él. Pero esta persona era demasiado importante como para preocuparse por alguien tan insignificante; ni siquiera era el heroe que todos decían que era... no, que vuelva al otro, alguien de tan alto cargo no podía perder tiempo con asuntos tan triviales. Y otra vez el mísmo problema: ¿su mujer o el imperio? ¿salvar una vida o arriesgar una revolución? No, debía haber otra salida que dejara contentos a todos. Tal vez si les daba a elegir entre este hombre que nada había hecho jamás y un criminal temido, nadie extrañaría al segundo. Imposible, aún querían eliminar a este simple y humilde carpintero! Pero no era una opción, algo que no fuera un asesinato debía calmarlos. ¿Y este por qué no pedía piedad? tal vez si lo hiciera entonces tendría excusa para dejarlo ir, pero parecía aceptar la culpa de todos los crímenes que no había cometido. Pero no lo mataría, lo azotaría; si, la sangre calmaría a las bestias y los golpes siempre sanan. El mismo pueblo que lo alabó al entrar se regocijó con la mayor golpiza en la historia de Israel, las modas cambian y ver caer a un héroe es algo que no se ve todos los días. Además, este había prometido mucho y hecho poco, ya una semana había pasado y la situación seguía igual que aquel domingo en que ingresó a la capital.
Sus amigos ya no estaban allí, al perder a su lider los había invadido el miedo y habían huido. Si les preguntaban por la calle ellos no lo concían, y el que siempre había sido el más fiel ahora enfatizaba que jamás lo había visto. Y 39 veces lo golpearon a El. Mucha sangre, el pueblo debía contentarse con esto. Pero no ¿qué más querian? No podía ser tan difícil, si tan sólo pidiera piedad... pero ya había aceptado su destino. El ambiente olía a violencia, si la gente no se calmaba pronto las cosas se podrían poner feas. Pero nuestro general no iba a cargar con esta culpa, ni la de la muerte de este hombre ni la de la revolución. Era un simple carpintero, los sacerdotes debían tener sus razones, que ellos se encarguen y hagan lo que tengan que hacer. Una lavada de manos y el asunto pasa a terceros. Y el obstáculo estaba fuera, la condena hecha. El hombre comenzó el difícil camino hacia arriba cargando El solo el peso de los que alrededor lo insultaban. Obviamente tropezó en el camino, ese camino no puede ser fácil, y tampoco puede recorrerlo uno solo... pero un tal Simón lo ayudó. Tambien se encontraba allí una señorita a quien no le importaba lo que pensaran los demás: un hombre necesitaba ayuda y ella se la iba a dar, aunque fuera sólo un poco de agua y limpiarle la sangre de la cara. Ella recibió la patada de un centurión y tuvo que retroceder, pero la buena acción estaba hecha y jamás sería olvidada. Y sin quejarse ni una vez aunque estaba sufriendo la mayor injusticia, nuestro héroe llegó finalmente a la cima del monte Calvario. Esa cruz cargada de maldad tenía que permanecer con El para siempre, ni la muerte lo podría salvar, es por eso que en vez de atarlo lo clavaron a ella. Todavía se mofaban de El, sus cosas fueron vendidas como para al menos sacar algún provecho de este espectáculo. Sólo tres personas permanecieron con El en todo momento: su madre, la única familia que le quedaba en la tierra; Juan, el más joven de sus discípulos... aunque suela criticarse a la juventud, fue el más joven quién lo acompañó hasta el final y no el resto; y la mujer de peor clase, una prostituta, lo peor de la sociedad, pero también la mujer que lo amaba y que estubo siempre dispuesta a dejar todo por El. Ellos tres lo lloraron.
En el momento cumbre de la historia del sufrimiento físico y espiritual, cuando una persona había recibido terribles torturas físicas, se encontraba clavado a un madero y con vinagre en sus heridas, y no sólo eso sino que acababa de ser abandonado por el pueblo que lo alababa, los discípulos que lo amaban e incluso su Dios; era entendible que esta persona flaquee, que si puede hacerlo escape a este sufrimiento o al menos haga ver a los demás que están equivocados ya que todo pasa injustamente. Este pidió perdón por quienes lo torturaron y se encomendó al señor. Instantes antes de morir predicó el cielo y logró redimir a un criminal que moría a su derecha y pedir perdon por el que no se arrepentía a su izquierda. Estamos hablando de un Dios que amaba demasiado a sus creaturas como para dejarlas condenarse. Un Dios que creó un ser casi perfecto a quien amó y lo vio decaer y volverse cada vez más débil y vulnerable hasta perder casi completamente su superioridad por ser humano con respecto al resto de la creación. Este Dios quizo salvar a quienes amaba y fue por eso que se rebajó al nivel de sus creaturas y sufrió el extremo de sufrimiento que uno puede sentir en esta vida; físico y espiritual. Descendió luego a los infiernos para entender también a quienes allí se encontraban y le dio a este ser hijo de Adán, caído, perverso y soberbio una nueva oportunidad de redimirse, de volver a la fuente y participar nuevamente del paraiso para el que inicialmente fueron pensados. Jesucristo vivió exactamente lo mísmo que nosotros, tentaciones, pérdidas de seres queridos; extremos, todos extremos. Nunca flaqueó, por eso es un ejemplo. Aunque las circumstancias fueran completamente desfaborables, El siempre siguió adelante con la cabeza erguida y amando al prójimo más que a El mísmo. No condenó, no se defendió, no escapó, simplemente amó. Esto es lo que se celebra ahora: cuando Dios resucita, lo hace en un nuevo estado. Ya no es el Dios separado del hombre, ahora es un Dios que también fue hombre y que sabe todo en cuanto a nosotros porque lo vivió igual que nosotros. La resurreción lo renueva, y ahora es nuestra misión en la tierra renovarnos como dioses, seguir sus pasos y así salvar a la humanidad con el santo ejemplo de la vida terrenal de padre.

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